El porno es bueno para la salud.

Ver escenas e imágenes de sexo explícito, o tener conversaciones ‘calientes’ hacen parte de la mayor adicción de Jorge Humberto. El hombre, cuya edad oscila entre los 35 y 40 años, reconoce que es adicto a la pornografía. No pasa un día sin que admire con lascivia todo el material con alto contenido erótico que llega hasta sus manos.


“La adicción de muchas personas es el cigarrillo, el trago o las drogas, para mí es la pornografía. Considero que de todos los vicios, el mío es el más sano de todos porque no afecta mis condiciones físicas. Ver porno no es perjudicial para la salud”, comentó Jorge, haciendo énfasis en que su particular gusto tampoco es sinónimo de desequilibrio mental.

“No creo que esté loco o sea un degenerado. Todos los seres humanos sentimos curiosidad y debilidad por este tipo de imágenes y videos; solo que algunos lo hacemos con mayor frecuencia que otros, pero a todos en poca o mucha medida nos tienta la pornografía”.

Jorge Humberto está casado hace poco más de una década, tiene hijos y vive en medio de lo que él llama un hermoso hogar.

“Mi vida de casado es normal. Esta particularidad no ha afectado la relación con mi esposa ni con los niños. Todo funciona bien en el hogar”, aseguró.

Tecnología al servicio del placer

Un computador es suficiente para que pueda satisfacer su particular gusto. El internet se ha convertido en su mejor herramienta a la hora de contemplar con lujuria los sensuales cuerpos que modelos y actrices exhiben desnudos mientras representan las explícitas escenas de sexo. Ya sea en el trabajo o en su casa, diariamente Jorge Humberto accede a este contenido virtual con solo dar un clic.

“Veo porno en el trabajo a mediodía o por la noche cuando todos se han ido a dormir. Casi siempre me quedo un rato más para poder entrar a las páginas web y mirar lo que me gusta”, dijo.

Adicional a los portales en internet que él visita, todos los días llegan a su correo electrónico clandestino cualquier cantidad de información, ilustraciones, avances de las últimas películas tripe X y hasta videos caseros no aptos para menores de edad.

“Me tocó crear una e-mail diferente al personal para despistar. Esa cuenta es exclusivamente para recibir material pornográfico. Frecuentemente me toca ir eliminando correos porque ya no da abasto con tanto mails. Sólo guardo los que más me han gustado para poderlos ver cuando quiera”.

Desde hace muchos años el hombre descartó las revistas eróticas para darle paso a las nuevas tecnologías ya que además de ofrecerle mayor variedad en contenido, también le genera más tranquilidad al no tener que cargar ni guardar el material impreso.

“Es más fácil desde el computador porque le pongo manejo otro nombre de usuario con clave personal, de manera que nadie puede enterarse de lo que guardo ahí. Hago creer que es información del trabajo. En cambio, si compro revistas, guardarlas sería un lío y un peligro de que mi esposa o mis hijos las descubran y eso me daría mucha vergüenza”. No obstante, dejó claro que los magacines ‘rojos’ también le producen placer.

salud.

El teléfono celular es una de sus herramientas para satisfacer su particular vicio.

Sexo telefónico

Su aparato celular también le ofrece ventajas al momento de darse gusto. Los teléfonos inteligentes con planes de datos permiten el acceso a páginas web para adultos. Sin embargo, el uso de este artefacto tecnológico le otorga un valor agregado: interactuar con mujeres que viven de vender sexo telefónico.

El protagonista de esta historia es un asiduo cliente de las líneas calientes en sus dos modalidades: conversaciones en vivo y por mensajería de texto.

Luego de cerciorarse de que no hay personas a su alrededor, Jorge Humberto marca a una de las líneas calientes que funcionan en el país. De esta manera le da rienda suelta a su imaginación y se desahoga con la dama de voz sensual y provocativa al otro lado del auricular, sobre sus más bajas pasiones.

“Es bacano porque ellas están dispuestas a todo y escuchan cualquier clase de fantasía que uno tenga, y además le siguen a uno el cuento y le responden como uno siempre ha soñado. Como se dice vulgarmente: se puede tener sexo sucio por teléfono. Además las voces de esas mujeres son muy excitantes”, dijo el hombre, quien aclaró que no todas las veces que tiene este tipo de conversaciones ‘calientes’ llega a un orgasmo.

“De vez en cuando sí me masturbo cuando llamo, pero no es una constante. Son más las veces que no pasa más allá de la conversación”.

El chat también hace parte de su rutina, a la cual recurre cuando hay personas cerca o se encuentra en jornada laboral. Escribir frases de ‘grueso calibre’ también le resulta satisfactorio.

“Ahí si no me importa que donde esté. Muchas veces lo hago en el trabajo y nadie se da cuenta qué es lo que estoy haciendo. También lo hago, por ejemplo, cuando estoy haciendo una fila o mientras espero una reunión. Me dan ganas de chatear a cualquier momento”.

Jorge Humberto hace uso de esta práctica al menos cuatro veces en la semana, lo que le implica un gasto aproximado de 100 mil pesos en servicio telefónico.

“Claro que es costoso, pero vale la pena”, comentó sin vergüenza.

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